Agonizo. Agonizo sobre un mar de dientes y ojos vidriosos, cada cual con su filo. Agonizo frente a una parroquia y frente a un mall. Agonizo sobre una superficie marciana quemándome la planta de mis pies. Agonizo sobre un baúl de recuerdos, y luego agonizo bajo él. Anuncio mi partida, pero no aún mi llegada. El control sobre mi mar profundo se ha agudizado, pero a la vez no puedo escuchar su voz, ni su silencio. Agonizo bajo una manta de fotografías, que lo único que me ofrecen es dudar de lo existente. No se trata sobre él o sobre ella, tampoco se trata de una rutina de amor. De hecho no se de qué se trata todo esto, y probablemente sea aquello que carece de sentido, por tanto no de incoherencia. Si bien he dejado de agonizar por segundos, no dudo en preparme para la próxima rutina. Es difícil encontrar un refugio a estas alturas, y en estas bajezas también lo es. Si pudiera susurrarle al oído lo que realmente sucede, o si pudiera transmitir aquello con la mirada, sería todo distinto....