Guardaba una vieja fotografía en el interior de mi billetera. Era un momento capturado cercano a algún día de verano tal vez, junto a alguien. No se puede decir un viejo amor, porque no llegó a serlo. Amar no se trata de gritos. Al menos para mí. No se trata de soñar que la mujer estará en casa junto a su hij@, y el hombre todos los días trabajando para llevar el dinero al hogar. No se trata de soñar a una mujer esclava: lavando - ropa, losa y demases -, planchando, cocinando y sirviendo además al hombre, como si no supiera hacer nada más que trabajar y ser servido. Amar no se trata de golpes en el cuerpo, el amor no convive con esa especie de comunicación. No se trata de tener sexo, sino hacer el amor - depende de cada quien -, y si no existe amor, entonces no hay para qué forzarlo y gritar. Gritos, gritos, no de placer, si no de rabia. Por el hecho de no obtener lo deseado. Así es como aquel personaje reaccionaba, así es como aquel hijo de puta actuó. No quiero tener nada que ver con...