Dos, Tres, Relojito.
Callada me metí al mar. Callado se metió el mar en mí. En silencio los peces molestaban. En silencio molesté al mar. El mar sordo de tanto ruido, escogió el poder hablar. No lo hizo nada mal en escoger, sólo se le había olvidado hablar... Nada dijo, hasta que comprendió que podía hacer dos cosas a la vez.