Sólo por soler.


Me encanta que no me entiendan. Así como comer migajas de un mantel no existente por las veredas de un río mortal enardecido de luminosa intensidad de verde hojístico del árbol. En cuanto más se encuentra desencontrado el tallo de pétalo florece con un otoño desprimaverizado cuando las gallinas vuelan al fondo del cerro con un ojo opacado por el cemento desterrado. Cada luz, cada estrella, cada luciérnaga reemplazada por esas del botón con tijeras cortadizas humanamente no hablando. Y hablando de animales muertos y la codicia-inmundicia-avaricia-injusticia surgen los pensamientos de la taza del baño que no tiraste hoy por la mañana porque al café le cayo una mosca ciega como esa que dije que ya no podía dormir. Insomnio para un toro clavado por estupid=s seres y con una servilleta ya roja del amor que no posee. Y cuando mi papá me habla de equipos de futbol que no le gusta, y mi tío de las mujeres que ya no son como antes y se alegra por ello, yo pienso en un pegazo de esos que vuelan, que confundía con los unicornios, pero prefiero que vuelen a que me entierren un cacho. ¿Vivir para trabajar; trabajar para vivir? Ahora eso discúten, aunque no llegó más allá. Y no querrán mi opinión. Esta vez quiero hablar de un cielo estrellado donde se vea el Cinturón de Orión, como en esa película. Tantas películas vistas y por ver, que a veces creo que estoy en una. Una mosca como cámara filmadora, como pensaba yo antes y compartía ese pensamiento con mi amigo el Freddy. Cada mañana un cielo encielado y una nube ennubada, alguna vez dije algo similar. Perros que ladran, exageran, son tan, ladrones. Cada un= con lo suyo, yo sigo con lo mío, que en el fondo es sólamente ser yo. Recordé a un dragón, pero de comodo. Tantas cosas por recordar, unas tantas por vivir, unas tantas por crear y otras tantas por enterrar bajo tierra. La luna me espera y el mar también lo hace. Te invito, porque entre tantas cosas de cosas de cosas locas, quiero vivir cosas locas contigo, déjame invitarte y envolverte en mi ternura ternurizada caracterizada por mi pequeñez. Déjame esta vez, no dejarte. Y déjame compartir este amor loco que me convierte en una pequeña extravagancia eufórica. Déjame escribir como sea. Déjame amarte como un unicornio a un pegazo, o tal vez al revés. No sé si se amarán, pero yo te amaré a Tí. Oye, esperame, no te apresures. ¿Bailemos?

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