Siempre he preferido pensar lo peor.-


No hay mucho en mis manos. No hay mucho que ofrecer, ni mucho que recibir. Lo único que me queda son: las melodías que traspasan mi piel; las mías ofrecidas para tí, y las tuyas para mí. Si recuerdas aquel día, ya da igual, esos días ya nunca volverán, y esa sensación primera tampoco lo hará. Fue tanto el descuido, tanto mi error, que pago con todo esto ocurrido además de una eterna despedida. Si vuelvo a mirar mis manos, ya no veré tu rostro, sino líneas y manchas, y tal vez la recordada melodía se extinga. No pretendo nada, ni siquiera algo, sólo quiero que estos pensamientos, y sus respectivos nudos en la garganta, acaben, y si no lo hacen, moriré. Aunque no acaben, yo siemplemente acabaré, tal como empecé. Ni te imaginas la estupidez de mi comienzo, tal vez no vuelva a hablar sobre aquello, o simplemente, tal vez, no vuelva a mencionar una sola palabra... Y si menciono alguna, no se referirá a tan mal olvidado palafito musical.

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